miércoles, 18 de abril de 2012

Retorno

Sucede que escribir, esa singular manera de verse en el espejo, no es algo que se me dé últimamente. Me refiero a escribir por escribir, por precisamente admirarme en la pulida superficie, no a la escritura como un hábito de la modernidad. Porque en realidad escribo siempre y a todas horas. Mi formación, aliada con la tecnología en su afán de rescate y reinvención de un género de comunicación que hace décadas se daba por perdido, me llevan a escribir incansablemente. (Viéndolo bien, las teclas de la laptop son fascinantes, y merecen el homenaje de abandonar el lugar común de los ríos de tinta por una propia y aún por proponerse designación). Pero escribir por escribir, por poder leerse luego  y presumirse que eso, con la debida promoción, podría convertirse en alguna basura para la ovación multitudinaria, y luego consolarse mediante la fácil salida de que, por supuesto, no es así, y que solamente siendo Dickens o Tolstoi podría uno a aspirar a la gloria terrenal sin sacrificar el buen arte, escribir por escribir, decíamos, es algo que últimamente no se me da.

Hasta que se me vaya dando y vuelva a reconocer la necesidad vital que está debajo de teclear alegremente lo que venga a la cabeza…

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