Nadie en sus cabales imagina nunca que ha de encontrarse con una araña violín en el pasillo, ser picado por ella en un pie hogareñamente descalzo, rascarse un poco la hinchazón y olvidarse hasta que, poco después, el piquete se convierta en una irreversible gangrena que devore miembro y envenene una sangre que ya no dará para alimentar ese cuerpo que terminará, al par de días, inflamado, irreconocible e irremediablemente muerto.
martes, 23 de julio de 2013
jueves, 18 de julio de 2013
Viajante de comercio
Ser "viajante de comercio", creo que expresión muy cortazariana, tiene fascinantes giros. Ahora mismo me encuentro en un Vips de Morelia (¿qué sería del viajante de comercio moderno sin esos santuarios de mediocre gastronomía pero infaltable conexión WiFi?). He leído varios artículos pendientes, elaborado un par de correos y ahora me solazo en la redacción de esto con el pavoroso fondo del Palacio de Arte de esta ciudad (como si con el adusto y elegante centro histórico vinieran a hacer falta arquitecturas exageradas que simulan templos de cultos indescifrables).
Esta ocupación podría dar pie a incursionar en el terreno de la crónica, género que plantea con frecuencia su reivindicación a manos de buenas plumas, para finalmente ser relegado otra vez al estante de lo que nadie quiere leer.
Me considero muy afortunado de haberme hecho una ocupación a la medida de la variedad y multiplicidad de mis inquietudes y afinidades. En un día típico puedo transitar de la alta velocidad en carreteras campiranas, disfrutando de lo más granado de la música universal, a una discusión de altos vuelos sobre cómo balancear generadores de nucleoeléctricas (Fukushima ¿cómo estás?), pasando por la simpática comunicación con colegas dedicados a planear el destino de una fracción nada despreciable de la humanidad (que conozco). Todo ello salpicado por el intercambio de fotos e iconitos en el WhatsApp (¡diablo con la modernidad y su incomprendida tecnología!) y la exploración de regiones del mundo que simplemente por existir ya son únicas y extraordinarias. También es cierto que dedicarse a esto casa bien con llevar en la cabeza toda índole de elucubraciones y en el corazón un fárrago de emociones encontradas, historia que se escribe y donde, como en el laberinto de Ariadna, uno da vueltas a ciegas confiando en que el hilo conductor lo lleve a la luz antes de toparse con el Minotauro. Hasta que éste aparece. Y es más horrible que en el más horrible de los sueños. Y no queda otra que enfrascarse en desigual batalla. Y ganarle. Y salir cansado pero triunfante.
Sigamos pues, a ver qué nos depara la tarde que nos sea necesariamente una entrevista con la familia...
jueves, 27 de junio de 2013
Viviendo la Vida
Mañana nublada en Querétaro. Un café que no es café sino una azucarada pero reconfortante golosina. El Largo del la Novena Sinfonía de Dvorak por Radio Swiss. La perspectiva de un día creativo ante una máquina llena de correos pendientes. Una novelita de Villoro para los momentos de saturación. Entrañables colaboradores dedicados a sus respectivas labores, concentrados en jugar este juego que nos hemos impuesto para, eventualmente, obtener los recursos que nos permitan la holgada y honesta existencia, pero también algo más: la certidumbre de la pertenencia, de la relación entre semejantes, de la construcción conjunta de un andamiaje que nos sostenga en el tránsito de los días y nos permita encontrar ese sentido que, en el fondo de todo, es lo que nos mantiene entusiasmados en esa partida de ajedrez contra la muerte que es la vida misma.
miércoles, 26 de junio de 2013
De visita otra vez
Ha pasado medio año desde la última vez que algo metí en este blog. No acierto a lograr una constancia en la escritura, por más que tenga mucho que decir y un afán de vida que, tal vez por eso, no pasa por sentarme más horas al teclado de las que ya aplico. Y si algo ha sido este medio año es intenso: del Sol Naciente nos movimos a la Punta de África, con escalas intermedias que incluyeron los atardeceres del Pacífico Mexicano y la peregrinación a un pueblo piadoso de Virginia, en un derrotero extraordinario que excedió toda posible expectativa. Paralelamente, la continua exploración del universo interior me ha llevado a experiencias inimaginables, que lo menos que han causado ha sido la cotidianeidad de un insomnio, que aún no me decido a convertir en creativo. De tanto ha habido que quedan júbilos inolvidables y heridas que restañar. De tanto ha habido que tal vez tenga materia para algunas intervenciones más, antes de que nuevamente esa vida, la vida, me secuestre en su devenir cotidiano que no incluya ejercicios como éste.
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