jueves, 18 de julio de 2013

Viajante de comercio

Ser "viajante de comercio", creo que expresión muy cortazariana, tiene fascinantes giros. Ahora mismo me encuentro en un Vips de Morelia (¿qué sería del viajante de comercio moderno sin esos santuarios de mediocre gastronomía pero infaltable conexión WiFi?). He leído varios artículos pendientes, elaborado un par de correos y ahora me solazo en la redacción de esto con el pavoroso fondo del Palacio de Arte de esta ciudad (como si con el adusto y elegante centro histórico vinieran a hacer falta arquitecturas exageradas que simulan templos de cultos indescifrables). 
Esta ocupación podría dar pie a incursionar en el terreno de la crónica, género que plantea con frecuencia su reivindicación a manos de buenas plumas, para finalmente ser relegado otra vez al estante de lo que nadie quiere leer.
Me considero muy afortunado de haberme hecho una ocupación a la medida de la variedad y multiplicidad de mis inquietudes y afinidades. En un día típico puedo transitar de la alta velocidad en carreteras campiranas, disfrutando de lo más granado de la música universal, a una discusión de altos vuelos sobre cómo balancear generadores de nucleoeléctricas (Fukushima ¿cómo estás?), pasando por la simpática comunicación con colegas dedicados a planear el destino de una fracción nada despreciable de la humanidad (que conozco). Todo ello salpicado por el intercambio de fotos e iconitos en el WhatsApp (¡diablo con la modernidad y su incomprendida tecnología!) y la exploración de regiones del mundo que simplemente por existir ya son únicas y extraordinarias. También es cierto que dedicarse a esto casa bien con llevar en la cabeza toda índole de elucubraciones y en el corazón un fárrago de emociones encontradas, historia que se escribe y donde, como en el laberinto de Ariadna, uno da vueltas a ciegas confiando en que el hilo conductor lo lleve a la luz antes de toparse con el Minotauro. Hasta que éste aparece. Y es más horrible que en el más horrible de los sueños. Y no queda otra que enfrascarse en desigual batalla. Y ganarle. Y salir cansado pero triunfante.
Sigamos pues, a ver qué nos depara la tarde que nos sea necesariamente una entrevista con la familia...

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