miércoles, 20 de abril de 2011

Recordando a Thomas S. Kuhn

Pregunta de la ciencia revolucionaria: ¿Qué experimentaría un observador montado sobre un rayo de luz?

La respuesta cambia al mundo y su artífice es considerado por las generaciones posteriores como la definición misma de genio.

Pregunta de la ciencia normal: ¿Por qué es más común encontrar cucarachas muertas que vivas en ciertos ambientes urbanos?

La respuesta no le importa a nadie y su creador es olvidado por los tres tesistas que le reportaban  tan pronto pierde las calificaciones necesarias para permanecer en el Sistema Nacional de Investigadores.

jueves, 7 de abril de 2011

Canción de serpiente

¿Qué postura habríamos de adoptar los ciudadanos de a pie ante la trágicamente presente guerra contra el narcotráfico que ha bañando a este país de sangre y lo mantiene al filo de la navaja? Los medios dan cifras estremecedoras y las pequeñas historias corroboran un fondo aún peor. Ante esto se nos obliga a tomar posiciones. Que si es legítima esta lucha, que si las estrategias del gobierno han sido equivocadas, que si el costo en vidas de inocentes no es suficiente argumento como para buscar pactos, que si promover la cultura de la denuncia no resulta un arma de doble filo ante un Estado corrupto, que si mejor se renuncia explícitamente a libertades y garantías a cambio de dejar camino libre para que el Estado haga su labor, que si un largo etcétera. Los hechos reales muestran que hay desatada una brutal violencia, que los medios la  han magnificado al máximo mayormente en beneficio propio, que los ciudadanos la percibimos de formas muy disímiles, que va en aumento y no tiene cota alguna y que un Estado en parte inepto y en parte corrupto ha mantenido su voluntad de confrontarla mediante un uso que se quiere vender como legítimo de la fuerza. Los hechos reales también enseñan que una parte de la ciudadanía, esa “mayoría silenciosa” que se percibe como clasemediera y agrupa un porcentaje importante de la población, considera que todo esto no la toca, que siempre son “los otros” los afectados, que siempre hay razones que explican, que por ello no hay que cancelar las vacaciones en Acapulco o el viajecito a Cuernavaca, que siempre es en otro lado, en Juárez o en Culiacán, donde hay balazos, que los muertos en Morelos (y en Michoacán y en Nuevo León y en Nayarit y en Colima y en Tabasco y en Veracruz y en Guanajuato y en Hidalgo y en Puebla y en Durango y en Querétaro y en San Luis y en…) andaban metidos en quién sabe qué y de alguna manera se lo merecían. ¿Ceguera, mecanismo de defensa o cinismo? Un poco de cada uno y más. En esta nación, en realidad en este mundo, siempre hemos sido egoístas. Al final ha funcionado porque la mayoría sigue viva, pero el tiempo para evolucionar hacia algo diferente se agota. He querido creer que hay señales luminosas, que es posible trascendernos a nosotros mismos. A veces sin embargo sostenerse en la idea es muy difícil y esta confianza se ahoga en una tenebrosa oscuridad. ¿Qué hacer?¿Qué pensar? Como apuntaba M. hace poco: ¿es aquí donde queremos que crezcan nuestros hijos? Porque lo que también es cierto es que cada vez están más próximos los que son salvajemente obligados a transitar de la cómoda negación a la brutal realidad de la sangre resbalada, gimiendo muda canción de serpiente (releer en estos días a ese García Lorca es a un tiempo doloroso y reconfortante).

miércoles, 6 de abril de 2011

Echando montón

En México existe una manera infalible de resolver problemas. Se denomina “echar montón” y consiste en reunir “alrededor del problema” a una cantidad de gente que es directamente proporcional a su importancia y gravedad. Así, por ejemplo, si en una tienda departamental se traba una máquina registradora, pronto se agolpan en torno al cajero un grupito de empleados – otros cajeros, vendedores, algún supervisor y, dependiendo de la largo de la fila y de la cara que vayan poniendo los clientes, hasta el gerente del lugar. Discuten, departen, opinan, a veces se involucran los clientes mismos, y al final el problema – que usualmente estriba en que ni el cajero ni nadie ha leído el manual del aparato – queda resuelto y la técnica del montón demuestra su efectividad. En todos los ámbitos se emplea la misma fórmula, abordando problemas cuyo origen suele ser muy parecido. Véase como otro ejemplo la línea de ensamble automotriz en la que un robot japonés, que por supuesto nadie entiende - porque quién puede entender un manual plagado de jeroglíficos –, ha decidido por fin aclimatarse e inventar una huelga a la mexicana. En un mundo que no concibe la posibilidad de  dejar de producir ni un sólo automóvil, semejante desplante demanda la inmediata presencia “de todo mundo”, desde el operador de la línea hasta el CEO de la compañía, pasando por gente tan improbable como el contralor y el gerente de seguridad e higiene.  Tanta presencia termina por generar algo, que si se corre con suerte puede parecerse a una solución. El método debería patentarse y venderse en sendos manuales de gestión de empresas y formación de emprendedores. Es barato, efectivo y muy divertido, siguiendo la vieja máxima de que, aunque no se resuelva el entuerto, “lo bailado nadie nos lo quita”.

Nota al margen.- Pasando a la vena trágica que permea en la nación, ¿será posible que la fórmula de “echar montón” nos funcione también para acotar la ineptitud de los gobiernos y lo desalmado de los canallas?