miércoles, 6 de abril de 2011

Echando montón

En México existe una manera infalible de resolver problemas. Se denomina “echar montón” y consiste en reunir “alrededor del problema” a una cantidad de gente que es directamente proporcional a su importancia y gravedad. Así, por ejemplo, si en una tienda departamental se traba una máquina registradora, pronto se agolpan en torno al cajero un grupito de empleados – otros cajeros, vendedores, algún supervisor y, dependiendo de la largo de la fila y de la cara que vayan poniendo los clientes, hasta el gerente del lugar. Discuten, departen, opinan, a veces se involucran los clientes mismos, y al final el problema – que usualmente estriba en que ni el cajero ni nadie ha leído el manual del aparato – queda resuelto y la técnica del montón demuestra su efectividad. En todos los ámbitos se emplea la misma fórmula, abordando problemas cuyo origen suele ser muy parecido. Véase como otro ejemplo la línea de ensamble automotriz en la que un robot japonés, que por supuesto nadie entiende - porque quién puede entender un manual plagado de jeroglíficos –, ha decidido por fin aclimatarse e inventar una huelga a la mexicana. En un mundo que no concibe la posibilidad de  dejar de producir ni un sólo automóvil, semejante desplante demanda la inmediata presencia “de todo mundo”, desde el operador de la línea hasta el CEO de la compañía, pasando por gente tan improbable como el contralor y el gerente de seguridad e higiene.  Tanta presencia termina por generar algo, que si se corre con suerte puede parecerse a una solución. El método debería patentarse y venderse en sendos manuales de gestión de empresas y formación de emprendedores. Es barato, efectivo y muy divertido, siguiendo la vieja máxima de que, aunque no se resuelva el entuerto, “lo bailado nadie nos lo quita”.

Nota al margen.- Pasando a la vena trágica que permea en la nación, ¿será posible que la fórmula de “echar montón” nos funcione también para acotar la ineptitud de los gobiernos y lo desalmado de los canallas?

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