jueves, 7 de abril de 2011

Canción de serpiente

¿Qué postura habríamos de adoptar los ciudadanos de a pie ante la trágicamente presente guerra contra el narcotráfico que ha bañando a este país de sangre y lo mantiene al filo de la navaja? Los medios dan cifras estremecedoras y las pequeñas historias corroboran un fondo aún peor. Ante esto se nos obliga a tomar posiciones. Que si es legítima esta lucha, que si las estrategias del gobierno han sido equivocadas, que si el costo en vidas de inocentes no es suficiente argumento como para buscar pactos, que si promover la cultura de la denuncia no resulta un arma de doble filo ante un Estado corrupto, que si mejor se renuncia explícitamente a libertades y garantías a cambio de dejar camino libre para que el Estado haga su labor, que si un largo etcétera. Los hechos reales muestran que hay desatada una brutal violencia, que los medios la  han magnificado al máximo mayormente en beneficio propio, que los ciudadanos la percibimos de formas muy disímiles, que va en aumento y no tiene cota alguna y que un Estado en parte inepto y en parte corrupto ha mantenido su voluntad de confrontarla mediante un uso que se quiere vender como legítimo de la fuerza. Los hechos reales también enseñan que una parte de la ciudadanía, esa “mayoría silenciosa” que se percibe como clasemediera y agrupa un porcentaje importante de la población, considera que todo esto no la toca, que siempre son “los otros” los afectados, que siempre hay razones que explican, que por ello no hay que cancelar las vacaciones en Acapulco o el viajecito a Cuernavaca, que siempre es en otro lado, en Juárez o en Culiacán, donde hay balazos, que los muertos en Morelos (y en Michoacán y en Nuevo León y en Nayarit y en Colima y en Tabasco y en Veracruz y en Guanajuato y en Hidalgo y en Puebla y en Durango y en Querétaro y en San Luis y en…) andaban metidos en quién sabe qué y de alguna manera se lo merecían. ¿Ceguera, mecanismo de defensa o cinismo? Un poco de cada uno y más. En esta nación, en realidad en este mundo, siempre hemos sido egoístas. Al final ha funcionado porque la mayoría sigue viva, pero el tiempo para evolucionar hacia algo diferente se agota. He querido creer que hay señales luminosas, que es posible trascendernos a nosotros mismos. A veces sin embargo sostenerse en la idea es muy difícil y esta confianza se ahoga en una tenebrosa oscuridad. ¿Qué hacer?¿Qué pensar? Como apuntaba M. hace poco: ¿es aquí donde queremos que crezcan nuestros hijos? Porque lo que también es cierto es que cada vez están más próximos los que son salvajemente obligados a transitar de la cómoda negación a la brutal realidad de la sangre resbalada, gimiendo muda canción de serpiente (releer en estos días a ese García Lorca es a un tiempo doloroso y reconfortante).

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