Caminaba lentamente por lo que ya no era calle. Devastación, empezaban a llamarle, pero la palabra no decía nada. Las palabras no decían nada. Abstraído, fijaba su vista en la multitud que lo miraba. Trataba de sentir, pero no. Estado de shock le llamaban, pero las palabras… Además era perfectamente dueño de sí. No sabía lo que vendría, pero por ahora tenía un perfecto control de sus actos. No era víctima de la histeria, tampoco de la apatía que muchos ya compartían con los cuerpos desperdigados. La obsesión en una sola imagen le aturdía. Aquélla previa a la tiniebla, la que le dio por un segundo la certidumbre de que el paso siguiente era estar muerto y la dulcísima sensación de que el trance no era ni con mucho el horror que toda la vida se había imaginado. Pero no, aquí seguía, sin verdaderos rastros de la violencia de la que había sido objeto. Tan sólo la ropa empapada, como si hubiera salido a pasear en la tenue llovizna. Pensó en lo que dirían - ¿quiénes? – de verlo con esa estampa tan poco digna de la magnitud del desastre. Pensó que necesitaba justificaciones y que el verdadero trance, cuando llegara, sería por mucho peor que cualquier horror que de ahora en adelante pudiera imaginarse…
sábado, 12 de marzo de 2011
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