miércoles, 5 de diciembre de 2012

Justificando escribir

  Estoy en mi oficina. Mañana agitada en la inmensa avenida. Ante el documento - eufemismo llamarlo hoja, saldo ¿luminoso? de los tiempos que corren - en blanco, dejo que mi mente vague por donde se le antoje. Hubo un tiempo, adolescente, en el que escribir no era problema. El sentido del riesgo no existía aún. Pude, en esa secundaria agrandada por el recuerdo, escribir algunas composiciones memorables que partían de una hoja de primeras frases de la la maestra Molina. Cosas como "En aquella hermosa tarde a la orilla del lago...", que uno podía transformar, sin duda con poca maestría pero con apasionado gusto, en un tenebroso cuento de amores imposibles con la silueta de los Cárpatos de fondo. Las lecturas, que en su momento eran inspiradoras de toda suerte de sortilegios verbales, continuaron implacables, demostrando que había ya mucho escrito y que el acto de escribir no era otra cosa que repetir, con mucha menos fortuna, lo que otros con más oficio y mayor talento ya habían logrado.

Me dedico a la que ha sido mi labor cotidiana por más de 15 años, que me aseguro es apasionante, ya que de qué otra forma puede uno justificar ante sí mismo tanto esfuerzo acumulado, tanta constancia. Y al final uno se pregunta si efectivamente es así y no simplemente el tramposo mecanismo que nos defiende del implacable juicio de nosotros mismos, el más cruel que existe. 

Mi labor me impide escribir o, mejor, demanda escribir todo el tiempo, en un género que curiosamente ha reinventado al epistolar. Pero la escritura lúdica, la única se dice que puede generar obras maestras (de dónde viene esa idea, no imagino un espíritu lúdico en alguien como Dostoievski), es algo que simplemente no me doy tiempo para ensayar. Tengo pretextos de sobra pero empiezo a sospechar que el más poderoso es el deseo de intentar trascender y no conseguirlo. Mi abandonado blog ha sido un ensayo que se ha visto frustrado precisamente cuando empezó a ser interesante para un par de personas y entonces lo pretexté como un deber y murió el entusiasmo. Ahora con el recién estrenado recurso de la tablet tomo nuevamente aire para esto, pero no sé hasta dónde me lleve. 

1 comentario:

Unknown dijo...

¿Todavía tienes algunos de los textos que escribiste en secundaria? 😱