¿Qué significa un objeto como este, trozo amputado de lo que fuera un monumento a la opresión? Ahora adornas el sencillo escritorio de alguien que, en rigor, no sufrió lo que alguna vez representaste. Acabaste aquí como un souvenir más, entre pendones de la Liga Alemana de Fútbol y fotos de familia con disfraces tiroleses. Te has trivializado, como seguramente tantos otros como tú, llevados a todos los rincones del globo en andanadas más o menos nutridas desde que se permitió al pueblo el desfogue de la demolición.
Hubo un tiempo, claro, en el que tu oscura sombra oprimía el alma de multitudes, de cientos de personas cruelmente separadas por los saldos de la sinrazón, de muchos incapaces de aceptar un supuesta utopía cuya única falla, ni modo, era el sacrificio de la libertad. Símbolo de una época que terminó en fiesta, con gente eufórica blandiendo picos y marros, descargando décadas de frustración algunos, de humano afán destructivo los más, pero mostrando nuevamente lo efímero de lo absoluto, de lo irreductible, de lo que no acepta discusiones y se impone por la fuerza, mostrando, al final del día, que la esperanza es aún y como siempre el signo más constante de nuestra especie.
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