miércoles, 17 de noviembre de 2010

Y al final la música

Reflexionando sobre el tiempo, cosa harto común en la edad por la que transito y transitamos la mayoría de quienes me son caros, doy, una vez más, toda la razón a Borges, maestro como nadie en la elegante arquitectura de las frases definitivas. Si uno no puede estar más de acuerdo con aquéllo de que la lluvia es una cosa que sucede en el pasado, o bien que la arena parece destinada a medir el tiempo de los muertos, también es innegable que la música es, si algo, una misteriosa forma del tiempo. Quienes nos permitimos el ejercicio de su contemplación - imagino que aún más y de forma más profunda, quienes la interpretan - entendemos, fugazmente, que la eternidad puede cifrarse en unas cuantas notas geniales y, como materia dúctil y cotidiana, es merecedora de todas las admiraciones pero no, como la tradición helénica nos hizo creer, del menor de nuestros desvelos.

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