lunes, 25 de octubre de 2010

No quisiera ...

En su última intervención en la revista Letras Libres, Guillermo Sheridan hace un ejercicio interesante que, en mi opinión, retrata de forma elocuente una de las caras más significativas de la realidad que viven importantes zonas de nuestro país, en donde no sólo se ha generado una cultura (en su acepción antropológica más amplia) en torno al narcotráfico, sino que ésta ha trascendido los límites meramente narrativos para enquistarse en la realidad cotidiana de mucha gente, en especial jóvenes, que encuentran en capos y sicarios modas y modelos tan atractivos como en otros sectores pudieran ser, por decir algo, los Jonas Brothers. Baste ver el video que propone Sheridan y la, como él atinadamente nombra, "mesa redonda", formada por los miles de comentarios en torno a él:  

http://www.youtube.com/watch?v=7x93aqiZ51w 

Se obliga una reflexión. Las sociedades modernas, bajo el modelo liberal de democracia, buscan idealmente fortalecerse en el disenso, en la posibilidad de que muchas voces puedan dialogar en el marco de una libertad irrestricta de expresión. Ninguna de las variantes que hemos encontrado de este modelo es perfecta, como difícilmente puede serlo una empresa humana, pero al menos establecen bases de convivencia que comparten el respeto, también indiscutible, a derechos que nos son comunes por el sólo hecho de pertenecer a nuestra especie. Por eso es inaceptable la pena de muerte, la tortura o la esclavitud. Por eso también es inaceptable que muchos de nuestros jóvenes, por la espiral de descomposición social en la que se precipita México, la falta de desarrollo económico, la pobreza de opciones educativas y de pensamiento crítico, el imperdonable oportunismo y miopía de los gobiernos, la indiferencia de las mayorías, la mercadotecnia salvaje, vean como natural el limpiar un campo a bazucazos, el hacer levantones "de los mejores", y encuentren que torturar y degollar a la gente es divertidísimo y lo conviertan en lo que está "in".

Siguiendo a Voltaire, daría mi vida por el derecho de los demás a expresar lo que piensan, pero honestamente no quisiera hallarme en el trance de tener que discutir de derechos con "El Komander"...

 

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