domingo, 11 de septiembre de 2011

Holiday Inn sin CNN

Hace diez años P. y yo cruzábamos en una camioneta de lado a lado la geografía de Alemania. Íbamos en un contingente nutrido, donde los únicos extranjeros éramos nosotros y el alemán al volante, obligado fuereño en su propia tierra. Todos los demás eran estadounidenses. Era después del lunch, la hora que enseñó a otros, en otro tiempo y lugar, que la siesta era inevitable. El acompasado ir y venir de dedos sobre el teclado de una lap fomentaba el sueño tanto como el vaivén de curvas anodinas, únicas posibles en un país domado hace siglos por los atrevimientos de la civilización. Una llamada al cel de alguno distrajo por un segundo la somnolencia. Algunas palabras entrecortadas y la perentoria urgencia de parar en la próxima estación de servicio, en el próximo hotel, en donde fuera que hubiera una tele. Un gran accidente en NY, se anunció. Los procedentes de un mundo donde la catástrofe es cotidiana no nos inquietamos. Sabíamos que para nuestros acompañantes cualquier desgracia en su territorio ocurría en el ombligo del universo. Paramos minutos después. Entramos a la Kantine. El televisor mostraba el humo. Escenas que se han repetido millones de veces en diez años. La catástrofe en una escala hasta entonces sólo cinematográfica. El espectro de algo que ya habíamos visto cientos de veces pero nunca vivido, cerniéndose sobre nosotros. Silencio sepulcral, palidez en los rostros, algunas llamadas histéricas, así el tono de las horas que nos faltaban hasta nuestro destino. Los días siguientes, entre la urgencia de lo inmediato, de reacomodarse a las razones por las que estábamos donde estábamos, de encontrar la forma de regresar a casa, y lo inevitable de intentar entender, de procesar, de estar seguros que algo había cambiado en el mundo para siempre. Diez años ya en los que la zozobra se instaló definitivamente entre nosotros y la inocencia se perdió en los que aún la conservaban.

Nunca olvidaré el estup0r de nuestros compañeros cuando, llegando por fin a altas horas de la noche al Holiday Inn de Wolfsburg, en lugar de CNN solamente encontraron los noticieros alemanes que, en un idioma que nunca habían soñado necesitar, daban puntual relato de la tragedia…

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