jueves, 19 de agosto de 2010

¿Cuántos amigos has borrado del Facebook?

Judith Torrea, premio de periodismo Ortega y Gasset 2010 en la categoría de publicación en Internet, puso en su blog http://juarezenlasombra.blogspot.com (entrada del pasado 5 de agosto) el dedo en la llaga de forma inmisericorde: vivimos en un país donde los jóvenes empiezan a borrar a sus muertos de las redes sociales. Pocas descripciones más elocuentes de lo que ocurre. Ciudad Juárez lleva rato siendo un extremo, pero el actual ejemplo de Monterrey nos ilustra que en todos lados la espada de Damocles pende ineludible sobre una ciudadanía que ya se divide en dos: los que todavía se niegan a ver y los que han sido obligados a ver. Lo perturbador es que el tránsito de un grupo al otro ha ido ligado, las más de las veces, con tener algún muerto cercano que lamentar. El mismo M. intercambió amables saludos con el recién sacrificado edil neoloenés un par de días antes de que lo montaran en la negra espalda del tiempo. Gente de a pie que se pierde, arrastrada por una espiral de violencia que ya no puede sernos ajena. Durante años ignoramos a Juárez, primero a sus muertas y luego, cuando la democracia de la muerte se instaló con el cinismo que la caracteriza, preferimos voltear para otro lado, si es que improbablemente estábamos mirando. Pero ahora ya no hay hacia dónde voltear. Ocurre lo que en tantas guerras; parafraseando, creo, a Brecht: "dejé que se llevaran a los otros, ahora vienen por mí y es demasiado tarde". Tiempo atrás me impresionaban los rostros de los jóvenes estadounidenses muertos en Irak, convertidos en una trama de pixeles en la página web del NYT y escribí: esperemos no ver el rostro de quienes amamos convertido en pixeles. Ahora la democracia de la muerte - esa cínica - se ha instalado tan cerca que lo que termino haciendo es votos por no tener que empezar a borrar amigos del directorio de Outlook (ni modo, el FB no es lo mío). Ya hay compatriotas, tantos jóvenes - imaginemos lo que eso significa -, que han empezado a hacerlo. Dolor, miedo y vacío por lo que no queremos que sea y no podemos seguir ignorando que para muchos ya es. Ciertamente la desesperanza es un peligro latente y tenemos la responsabilidad, en tanto podamos mantenernos a salvo, de prevalecer sobre ella.

No hay comentarios: