viernes, 4 de junio de 2010
El final de la inocencia
Ligado con eventos de mucha actualidad en mi vida personal y familiar he dedicado algunos minutos, los pocos que deja un día normalmente ocupado en el trabajo y la divagación, a la cuidadosa reflexión de lo que significa llegar a una cierta edad, típica y comercialmente identificada con la transición entre la cuarta y quinta décadas, y que implica, por regla general, el salto al vacío y el tomar las riendas de las decisiones que las generaciones mayores empiezan a abandonar y las menores no tienen elementos para acometer.Y de buenas a primeras, sin saber realmente en qué momento se cruzó la sutil línea, unos antes que otros, empezamos a ocuparnos de lo que vimos hacer a nuestros padres, normalmente - nos parecía - con extraordinaria habilidad. Desde enterrar a un anciano hasta renunciar a un trabajo, desde emprender un negocio hasta organizar una fiesta.Y nos movemos por el mundo dándonos cuenta de que nada sabemos y las herramientas que hemos adquirido son insuficientes, cuando no inútiles del todo.
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2 comentarios:
Hola Diego, te había escrito un rollo sobre "El final de la inocencia", pero lo borraron, lo que es sensacional es que te des cuenta de lo inútil que parece lo aprendido, pero creo que ese un muy buen comienzo cuando cumples los cuarenta, yo llego a los cincuenta sin entenderlo todavía.
Mi querido Miguel, no había revisado tu comentario sino hasta ahora. ¡Me halaga que te des una vuelta a este blog de cuando en cuando! Es un ejercicio que se presume modesto pero goza de que algunos inteligentes lo volteen a ver. Creo que, al final del asunto, lo que cuenta es la posibilidad de la comunión con gente afin, cual es el caso. ¡Tenemos que planear algo para nuestros 90 (40 + 50)! ¿No te parece?
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